Mi cuerpo tiritaba bajo las múltiples sábanas que me resguardaban al frío de un día lluvioso de Marzo en Londres. Miré la hora. Las cuatro a.m y seguía sin poder dormir. Me levanté y me puse una sudadera y un gorro. Tenía las orejas heladas. Con las orejas frías no se duerme bien. Fui casi arrastrandome hacia el salón y me senté frente a la tele encendida. Desde que estoy solo necesito al menos la voz de la televisión para conciliar el sueño.
Las brujas del tarot ocupaban la programación en la mayor parte de canales. Y mi ánimo de cambiar estaba al 0% como todo en mi vida. Me quedé sumido en mis pensamientos mientras miraba atento las cajas de pastillas que se encontraban sobre la mesa junto a una botella de agua como desde hace días atrás. No os negaré lo que se me pasó por la mente. Llevaba días sin tomarme nada. Solo cuando Gemma aparecía milagrosamente para vigilarme. Si fuera lo suficientemente valiente me tomaría todo eso y me moriría con su recuerdo pero seguro que el vecino me descubriría en coma y me llevaría al hospital y con mi mala suerte despertaría.
Llevo días.. ¿Que digo días? Semanas sin salir de casa por mi propio pie. Ya no quiero nada. Solo morime. Todas las calles estan inundadas en recuerdos.
Sentí un cosquilleo en la nariz que me avisaba de que iba a llorar cual niño chico. Me levanté con pocas fuerzas y me dirigí a la librería a buscar cualquier libro que me hiciera no pensar. Mi cuerpo se quejó ante el movimiento. Estar tanto tiempo encerrado me hace mal. Rebusqué entre las enciclopedias y demás cuando mi mano sintió el suave tacto del terciopelo. No puede ser real. Saqué el pequeño cuaderno de terciopelo y lágrimas se escaparon de mis ojos. No sabía que hacía aquí. Y tampoco sabía si estaba realmente preparado para esto. Abrí el cuaderno por la primera página y vi su preciosa letra. Ahí todo comenzó. Un 24 de Noviembre de 2014.
lunes, 18 de agosto de 2014
cap1 laras
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